Un cromosoma más,

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Un cromosoma más,

Dan Zass: Danza y Diversidad

Este año ha tenido una componente nueva y es que de una manera u otra me he acercado a personas con una luz muy especial. Seguramente muchos las tenéis cerca, las veis o conocéis.

 

Mi madre estudió educación especial sin embargo, ejerció muy poco esta profesión. Siempre me contaba lo duro de esa época, pero también las recompensas tan grandes que tenía durante y al final del curso. Mirando atrás veo los paralelismos con las vivencias de la propia maternidad.

 

Estas personas especiales tienen un cromosoma de más o un mundo interior que les absorbe tanto que el exterior se les hace demasiado complejo o son personas cuyo cuerpo se ha desarrollado de otra manera, lo que en ocasiones no les permite caminar o lo hacen con otro ritmo singular.

 

No es fácil el día a día para ellos, así me lo transmiten sus padres y cuidadores. Tiene una componente de lucha constante y superación, y también de paciencia e infinito amor. Pero tampoco es un drama, porque ellos son auténticos, sin filtros, amor sin barrera, intensidad máxima, compañeros…

 

Igual que yo misma hago con mi hija, los padres de estos niños no quieren coartarles las posibilidades de expresarse y seguir desarrollándose en actividades extraescolares.

 

Me consta que muchos disfrutan interpretando en el teatro, su imaginación es capaz de volar muy alto y su inclinación por el arte muy pronunciada.

 

Una gran amiga mía, Arancha, me preguntó si podía fotografiar de forma voluntaria y gratuita el final de curso que celebraba la Asociación Dan Zass donde había estado todo el curso bailando y actuando su hija, que me había demostrado en una sesión de fotos de familia su sensibilidad.

 

Hay cierta gente con la que una va hasta el infinito y más allá, así que no me lo pensé. Me puse en contacto con Cristina, la coordinadora y me fui el día marcado al escenario del festival. Llegué un poco antes de que empezara la función y me los encontré ensayando.

 

Lo reconozco, no estaba preparada para lo que presencié, esas primeras actuaciones me tocaron el corazón: sensibilidad, superación, risas, diversión y movimiento… mucho movimiento.

 

Lloré, reí y disfruté como en la mejor representación teatral de danza en la que hubiera estado.

 

Luego llegó el momento de la verdad y los vi tras la cámara dándolo todo por su público, esos padres, familiares y amigos que abarrotaban el teatro.

 

Los prejuicios pueden estar ahí, esa compasión que nos embarga cuando los vemos pasear en su silla de ruedas o con algún rasgo más destacado…pero que no os engañen, no es que sean como tú o como yo, es que, verdaderamente, tienen distintas capacidades. Día a día, y estando más en contacto con ellos, me doy cuenta de que hacen cosas a las que probablemente yo nunca llegue, tienen una mirada que es difícil de igualar porque miran con toda la crudeza y todo el amor del que son capaces (y es mucho), quizás no todo lo pueden expresar con palabras pero lo suplen con abrazos, con apretones… a lo mejor no pueden caminar o andar derecho…pero eso no les impide mover el resto de su cuerpo con la suavidad de las olas del mar en calma o la electricidad de un rayo.

 

Tan importante es que ellos se expresen como la presencia de profesionales que les ayuden a sacar lo mejor de sí mismos.

 

En este caso solo puedo tener palabras de admiración para la Asociación Dan Zass y toda la labor que hacen con ellos. En su web (http://danzass.wordpress.com) podéis conocerles mejor y ver en detalle todas las actividades que ofrecen y los espectáculos que montan.

 

Desde este rinconcito solo puedo darles las gracias por abrir un poco más mis horizontes y por hacerme disfrutar con ellos de su arte, desparpajo y luz propia.

 

Os dejo algunas fotos (ha sido dificilísimo dejaros una pequeña selección)

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